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viernes, 3 de octubre de 2014

DÍA DE LA UNIDAD ALEMANA



El mundo desde la mesa 37

 3 de octubre, 22 grados, cielo azul. Hoy se celebra el Día de la Unidad Alemana. Este año le ha tocado a Hannóver ser el centro de la celebración. La costilla, el alma y yo hemos ido en bicicleta, por una ciudad semivacía de tráfico, a la orilla del lago Maschsee, donde estaban instalados los pabellones. Cada estado federado tenía el suyo. El lema del acontecimiento: Vereint in Vielfalt, esto es, “unidos en la diversidad”. Alemania, que ha sufrido mucho y ha hecho sufrir mucho, es hoy día un país bien avenido, capaz de organizar una fiesta nacional sin un ápice de nacionalismo, militarismo y demás mandangas agresivas. Todo es globos, música, gastronomía. Es una fiesta integradora, para toda clase de visitantes, no sólo alemanes. Para empezar, había un panel crítico con el racismo a la entrada del recinto. El espíritu lúdico prevalece sobre cualesquiera otros. El folklore no es reivindicativo. Nadie le restriega a uno su bandera ni sus señas de identidad por la cara. Se cuidan al detalle los aspectos pedagógicos; aquí y allá podía uno solicitar información, abastecerse de prospectos, etc. Hemos comido en el puesto bávaro, empujando la manduca con sendas jarras de cerveza. El café y la tarta de manzana los hemos tomado en el pabellón de Renania del Norte-Westfalia, estado federado por el que siento especial simpatía: en él me dediqué a la docencia por espacio de veinticuatro años.
He aquí unas cuantas impresiones fotográficas.
Tranquilidad bajos los árboles
 
Tachunda chunda chunda


Pero también jazz

Cinco bávaros

Esto también es bávaro: Leberkäse con ensaladilla de patata
Un Trabi de los tiempos de la RDA

Humor de Baden-Württenberg: "Somos capaces de todo menos de hablar alto alemán".
El alma, suplicando como de costumbre alimento no precisamente espiritual