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miércoles, 24 de septiembre de 2014

A PROPÓSITO DE UN LIBRO NUEVO DE JORGE G. ARANGUREN



 
Estoy pasando unos días en mi ciudad natal. Hay nubes. Abrazo a mi madre. A sus ochenta y nueve años sigue alimentándome como cuando yo no levantaba cuatro palmos del suelo. Ayer fue martes. Volaban las palomas por los sitios habituales. Asistí a la presentación de un libro de poemas en la librería Lagun. Un amigo me había puesto sobre aviso. Allá me presenté. Estreché manos, abracé torsos amigos, rocé mejillas femeninas con las mías barbadas. El autor del libro es el primer escritor que yo conocí en mi vida; me refiero a un escritor que no sólo escribía, sino que había publicado libros y obtenido premios. Años setenta. Pronto obtuvo el Adonais. Jorge G. Aranguren, barba y melena blancas, es un caso raro de nuestras letras, en parte por circunstancias personales (carece de conexión con internet), en parte por el monumental desprecio que sufren en el País Vasco los escritores que no escriben en euskera. Jorge G. Aranguren sigue publicando sus poemas, cuentos y novelas en editoriales menores, domiciliadas por lo común en ciudades de provincia. Su obra en verso (más que su narrativa, muy de poeta estilista) es valiosa. No sirve para hacer patria. Sirve, sí, muy bien, para que el lector esté a solas con las palabras de un hombre sensible, cincelador del idioma; hombre con cierta fragilidad que de un tiempo a esta parte me parece cercano a la resignación y que habla sin tapujos de cosas tristes y de la muerte. Ha dedicado sus mayores energías a la elaboración de poemas y ayer, en la librería Lagun, serio, con buena oratoria, a sus setenta y tantos años (es del 38) se quejaba melancólicamente de que aún haya personas que le preguntan por qué escribe. Así como nosotros se titula el libro, con frase extraída del padrenuestro que invoca el perdón que concedemos a aquellos que nos ofenden; que nos ofenden ¿porque escribimos, seguimos existiendo, no somos útiles a ensoñaciones colectivas? Al final, en un bar cercano a la librería, en el momento de despedirme le di un abrazo fuerte y eso me gustó mucho.