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miércoles, 21 de mayo de 2014

LA COLECCIÓN AUSTRAL ENTENDIDA COMO MÁQUINA DEL TIEMPO





 Practico ritos de infancia y adolescencia. Otros conservan fotos antiguas, juguetes de su niñez, cuadernos escolares. Los imagino mirando alguna que otra vez los venerables objetos en un intento por hacer presente, por volver a sentir, aquel pasado suyo lleno de promesas, de ilusiones intactas, de descubrimientos esenciales para la vida.
A menos que las obligaciones o los contratiempos lo impidan, una vez al mes me reúno con el lector primerizo que fui. Lo que hago en realidad es cederle el asiento. Lo obsequio asimismo con unas horas de mi vida. Me refiero al chaval que sostuvo hace varias décadas mi cabeza y usó mis manos y mi nombre. El cual leía con frecuencia títulos de la Colección Austral (la vieja, no la de ahora), ya como tarea del colegio, ya por voluntad propia, por gusto de aprender y por gusto de experimentar gusto.
Procuro ser fiel al rito. Para ello me proveo de ejemplares en rastros y librerías de viejo. El último que he leído es el de la foto, El hombre que compró un automóvil. En realidad, contenido y autor son para mí, a menudo, lo de menos. Más importantes se me figuran las sensaciones (las páginas amarillentas, el recobrado olor de las primeras lecturas, el paseo intelectual por jardines abandonados) y todo lo que le viene a uno a las mientes mientras pasa los ojos por los sucesivos renglones.
Esta de Fernández Flórez es una novelita amena, sin trascendencia alguna, salpicada de ocurrencias y exageraciones que no habrían desentonado en una película de los hermanos Marx. Cabezas de viajeros del tren que en el momento de la despedida, por asomarse todas al mismo tiempo, quedan atoradas en la ventanilla del vagón; gallinas que por picotear tierra pobre en cal ponen huevos con cáscara de ladrillo; viviendas con las paredes tan delgadas que, cuando uno clava una alcayata, se la puede incrustar al vecino en la espalda.
O esta grouchada: “Me dieron toda clase de facilidades para pagar aquella adquisición en noventa y nueve años.”