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martes, 29 de abril de 2014

ARNO SCHMIDT





Arno Schmidt (1914-1979) nunca sonreía en las fotos. Hay una, que yo sepa, tomada durante una visita a unos parientes suyos, en la que muestra un gesto risueño, y otra junto a un amigo en la que se insinúa un poco de risa. Al parecer no sabía, en ambos casos, que lo estaban fotografiando.
Abrigaba la certeza de ser un genio. No es esta una convicción insólita entre escritores. Puede que les resulte productiva. No veo por qué nadie que no viva con ellos ha de reprochárselo. Otros se creen graciosos o guapos.
Arno Schmidt juzgaba inadecuado que un genio sonriese. Su literatura, en cambio, rebosa de ironía, de rasgos paródicos, también de un humor un tanto avieso. Escribía rompiendo y creando idioma, ejercicio al que en sus novelas (por llamarlas de algún modo) concedía más importancia que a la trama.
Escribía asimismo desde la perspectiva del despecho, menospreciando a los lectores comunes. Escribía para expertos, para cómplices, para personas que no se arredrasen ante las dificultades de lectura.
Me atreví en su día a traducir un libro suyo. Nueve meses de sufrimiento, de dudas punzantes, de insultos a mí mismo por haberme embarcado en semejante tarea. Me obstiné en hacer comprensible su libro (El brezal de Brand) a los posibles lectores españoles. Para ello acompañé el texto traducido con 269 notas aclaratorias, un trabajo de hormigas. La experiencia me dejó un copioso anecdotario, ya que a menudo, para esclarecer pasajes, hube de emprender investigaciones de campo. Pero también me dejó una huella profunda. No me refiero en este punto al escritor (a su carácter, su misantropía, etc.), sino a su peculiar escritura.
Deshice su estilo como quien desmonta las piezas de un reloj. Y creo que, en medio de todas las dificultades que la operación aparejaba, acabé cogiéndole el tranquillo. Desde Los peces de la amargura hasta Ávidas pretensiones, mi último libro (y sobre todo en este último), introduje aposta ingredientes del estilo de este escritor adusto que vivió largos años aislado por voluntad propia, con su sufrida esposa, en un pueblillo a una hora en coche de mi ciudad de residencia.
He puesto arriba un vídeo que lo muestra en su casa de Bargfeld mientras concede una entrevista con ocasión de su 50º cumpleaños. La conversación discurre en alemán. No descarto la posibilidad de que también quien no conozca el idioma encuentre algún elemento de interés.